24 Mayo 2010
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Pequeño consumidor
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La televisión forma parte de nuestra vida hoy, más que nunca. Aunque no podemos calificarla como "buena" o "mala" sí que es preciso señalar que debemos ser muy conscientes del uso que hacemos de ella para que no nos tiranice ni nos hagamos adictos a ella. Si hacemos un uso racional de la televisión, esto contribuirá a nuestro bienestar y hará que nuestros conocimientos se enriquezcan o nos entretenga simplemente para evadirnos un rato de nuestra contidianeidad. |
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El caso de los niños, es especial. Hay que acompañarlos mientras ven televisión para fomentar su capacidad crítica y el uso de sus propios criterios, y por supuesto saber qué programas ven. No por impedirles ver la tele se va a aumentar su afición a los libros o al deporte, pero sí podemos ofrecer planes atractivos para que comprueben que se pueden hacer otras cosas diferentes tanto o más divertidas.
Ya desde muy pequeños los niños perciben la información emocional que ven en la televisión, es por eso que su conducta se ve influenciada desde muy temprana edad. Es en estas ocasiones en las que utilizándolas pedagógicamente podemos prepararlos para la vida adulta y, sobre todo, para adquirir unos hábitos de vida saludables y unas pautas de alimentación adecuadas.
El impacto de la publicidad televisiva en los niños
La a aparición cada vez más frecuente de productos infantiles pensados para atrapar su atención (juguetes, ropa, videos, productos comestibles, etc.) viene acompañada de campañas publicitarias dirigidas prioritariamente a este tipo de público, lo que ha llevado a denominarla "publicidad infantil".
El niño es un sujeto que incluso es capaz de realizar compras con sus propios medios económicos, cuando no, es un sujeto influenciable cuyas preferencias inciden de lleno en el gasto familiar y, por último y ante todo, es un futuro consumidor que adquiere determinadas opiniones sobre marcas y productos que todavía no están a su alcance. Por su ingenuidad, es el público más indefenso ante la persuasión publicitaria, por eso la publicidad dirigida a ellos debe estar especialmente regulada.
Los padres son, sin duda alguna, los principales responsables de la educación y desarrollo de sus hijos. Algunos aspectos a los que deberían prestar una particular atención son los siguientes:
- Ser conscientes de que existe un serio problema social y educativo derivado del uso indebido de los medios de comunicación.
- Conocer qué programas suelen ver los hijos y el tipo de publicidad que se emite en torno a ellos.
- Acompañarles en el visionado de determinados programas para poder despertar su sentido crítico mediante comentarios.
- Darles argumentos que contrarresten la visión consumista que transmite la publicidad.
- Fomentar que contrasten la visión idealizada que muestran los anuncios con lo que sucede en la realidad cuando se utilizan los productos anunciados.
- Prevenirles contra la dependencia del uso de “marcas” en productos de vestir, de alimentación, etc.
En definitiva, la publicidad es un recurso cada vez más presente en nuestra sociedad y que se dirige con unas estrategias específicas a los niños y jóvenes. El reto está en enseñarles a reconocerla y utilizarla sin dejarse manipular por ella, de forma que no se convierta en un obstáculo a la formación y desarrollo de su personalidad.
En cuanto a la franja horaria que congrega a más menores de 4 a 12 años delante de la televisión, hay que decir que contra todo pronóstico es la del "prime time" (de 21:30 a 23:30h), con un consumo medio por cada niño de 44 minutos, seguida de la tarde, con 32 minutos; la sobremesa, con la misma cantidad; y la mañana, con 31 minutos. El fin de semana es el momento de mayor consumo televisivo por no haber colegio.
Y sin entrar a valorar el por qué están esos niños a determinadas horas delante de la tele, que es responsabilidad de sus padres, no podemos dejar de lado el contenido de los espacios que ven a esas horas, que seguramente no integren aspectos de entretenimiento, desarrollo y educación.
Los niños, la publicidad y su alimentación
Se han realizado estudios sobre anuncios emitidos entre las 4 de la tarde y las 9 de la noche, y se observa que hay demasiados niños en la publicidad emitida, la razón que se da es que los niños tienen un papel importante como consumidores dentro del presupuesto familiar, que ha aumentado la capacidad adquisitiva de los menores (móviles, video consolas, ropa de marca) y que interesa incorporar cuanto antes a los niños a la sociedad de consumo en la que vivimos.
También hay que mencionar que una cuarta parte de los anuncios televisivos publicitan alimentos dirigidos a niños, pero lamentablemente, no son los productos más aconsejables para seguir una dieta saludable. Predominan los anuncios de productos con demasiados azúcares y grasas, mientras que brillan por su ausencia los de verduras y frutas, lo que conlleva a la obesidad.
Resolver el problema pasa por un cambio en los hábitos nutricionales y en un aumento del ejercicio físico que requiere el esfuerzo de toda la familia.
El Ministerio de Sanidad y los representantes de las principales empresas alimentarias firmaron un código de autorregulación de la publicidad que establece un total de 25 normas éticas para evitar una excesiva presión sobre los menores de 12 años y fomentar los hábitos saludables contra la obesidad.
A continuación le damos unos consejos que pueden ayudarle en esta tarea:
- Opte por agua o zumos naturales en vez de refrescos, néctares o zumos a base de concentrados.
- Recupere el consumo de leche, en vez de postre lácteo.
- Prefiera el pan de toda la vida a los bollos, mucho más grasos. Puesto a elegir, mejor un bocadillo de pan de barra que uno de molde.
- Fomente el consumo de frutas (por ejemplo a media mañana).
- Procure, en lo posible, no optar por platos preparados y sustituir fritos y rebozados por preparaciones más ligeras.
- Pizzas, hamburguesas, perritos… la comida rápida, en general, debe reservarse para ocasiones especiales.
Igualmente, una de las medidas que se han puesto en marcha es que la publicidad de alimentos o bebidas en ningún caso explotará la especial confianza de los menores en sus padres, en profesores, o en personajes (reales o ficticios) de películas o series de ficción. Se trata con ello de evitar que la presencia o el testimonio de determinadas personas o personajes conocidos y admirados por los menores en anuncios dirigidos a éstos, ejerza una influencia indebida sobre ellos de tal forma que éstos puedan verse impulsados a solicitar la compra del producto alimenticio anunciado no tanto por las propias características del producto, sino por el simple hecho del respaldo del personaje que aparece en el anuncio.
“Son los padres y los maestros los que tienen que enseñar a los niños las realidades del mundo comercial. Del mismo modo que les enseñan a mirar antes de cruzar la calle.”








