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Valentín Huerta es uno de los fundadores de CECUMadrid. Además de trabajar de forma activa por la defensa de los derechos del consumidor, gusta de escribir periódicamente relatos que os ofreceremos mes a mes. De esta manera queremos rendir homenaje a una de las personas que ha hecho posible que nuestra organización goce de buena salud. |
La pobre lata lloraba desconsoladamente en aquel vertedero al cual había sido arrojada por alguna mano inexperta sobre la recogida de residuos domésticos. En aquel traqueteante camión había sido trasladada al sitio más inadecuado. Pero su llanto no se debía a motivos de soledad, ¡qué va!... otras muchas igual que ella habían seguido su camino.
Cuando llegó la noche, sitió miedo y asco. Una rata grande y peluda metía su hocico en ella, buscando algú resto de su anterior contenido. Aquel triste final distaba mucho de ser lo que había deseado para sí misma. Temía que algún camión volcara sobre ella una capa de basura, y que poco a poco la corrosión diera fin a su ilusión de seguir siendo útil. Cuando ya desesperaba por poder cumpli su noble deseo, sintió que una mano amiga la levantaba del suelo y la depositaba en un saco, junto con otras varias más y algunos trozos de metal que también habían ido a parar allí de forma inadecuada. Su ilusión por ser de nuevo útil volvía a renacer.
Sus compañeras (y ella misma) identificaron el lugar al que habían sido llevadas como una chatarrería. Así era, en efecto. Formando parte de un gran montón fue llevada a lo que iba a ser su gran destino... ¡una fundición! Mientras aguardaban allí cambiaban impresiones sobre en qué serían convertidas cada una de ellas.
¡Y llegó el gran día! Volvían de nuevo a ser materia prima, lista para ser utilizada en benefocio de los demás. Nuestra querida lata es inmensamente feliz, ¿sabeis por qué? Ahora es una pieza principal... ¡en el juguete de un niño!








