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Miércoles, 28 de Julio de 2010 10:41 |
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Autor: Enrique Gil Calvo
Fecha y origen de publicación: El País 8/06/2010
La revancha de los mercados
Bien a nuestro pesar, la economía española está protagonizando como víctima propiciatoria lo que cabe llamar la segunda ronda de la crisis del crédito por la que atraviesa el capitalismo occidental. Según se dice, somos el nuevo enfermo de Europa, en la medida en que nuestra solvencia crediticia amenazaría ruina y nuestro gran tamaño determina que una posible quiebra española arrastraría al euro consigo. Todo lo cual ha desatado una epidemia de histeria colectiva tanto mediática (los blogs de la prensa color salmón rivalizan en escándalos con los de la prensa rosa) como financiera (las demás Bolsas se estremecen de volatilidad mientras la española se hunde en caída libre) y política (presas del pánico, los gobernantes conspiran en el Ecofin cayendo en la más estéril cacofonía). De modo que parece a punto de cumplirse la profecía de Niño Becerra, el economista que auguró el crash de 2010.
¿Qué está pasando? Una explicación plausible es entenderlo como una nueva fase en la guerra abierta entre los Estados y los mercados por el control del capitalismo crediticio actual. Como se sabe, la energía que mueve a la economía posindustrial es el flujo crediticio: un caudal que cuando se embalsa formando burbujas especulativas tiende a desbordarse anegando con sus deudas insolventes la economía real. Y así ha vuelto a ocurrir esta vez con la crisis del crédito a la que me referí antes, que ha cursado como un proceso en dos fases. En su primera ronda, iniciada en 2008 con la burbuja de las hipotecas subprime, la causante de la crisis fue la ingente deuda privada imposible de refinanciar. Y para remediarlo, los Tesoros públicos acudieron al rescate de los mercados privados: se proclamó el estado de excepción, se decretó la guerra contra la crisis, se nacionalizó la economía, se suspendieron las leyes de la oferta y la demanda, se avaló la deuda privada con la garantía pública del Estado y se inyectó liquidez ilimitada a tipo cero.
Así fue como se sentaron las bases de una burbuja de deuda pública que ahora acaba de estallarnos entre las manos. Es lo que está ocurriendo durante esta segunda ronda en la que todo sucede exactamente a la inversa que hace dos años. Ahora la deuda insolvente imposible de devolver o refinanciar ya no es la deuda privada sino la pública acumulada por los Tesoros estatales. Y quienes acuden a su rescate para refinanciarla son ahora los propios mercados privados, que suscriben los bonos de deuda pública emitidos por los Estados en crisis. Pero con una gran diferencia entre ambas rondas, y es que en la de hace dos años se avalaron las deudas privadas a interés cero para facilitar su más pronto rescate, mientrasque en esta segunda ronda las deudas públicas se suscriben a precios de mercado. Es decir, a un tipo de interés tan elevado que en el caso español cabe calificar de usurario, lo que prolongará la duración de esta crisis de deuda hasta las calendas griegas. Todo ello de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda, que en esta segunda ronda, a diferencia de la anterior, no han sido suspendidas, sino confirmadas por el nuevo consenso de Washington, impuesto por los mercados.
¿Cómo explicar este giro estratégico? Muy sencillo: la balanza de poder entre mercados y Estados ha vuelto a invertir su signo, recuperando aquellos su predominio hegemónico sobre estos. Como dije, esta crisis crediticia es una batalla de poder entre Estados y mercados cuya primera ronda supuso la momentánea victoria de aquellos en el curso 2008-2009, mientras que esta segunda ronda está suponiendo la derrota de los Estados deudores a manos de sus mercados acreedores. Se recordará que hace solo dos años se decía que el neoliberalismo había muerto y que el Estado interventor keynesiano regresaba por sus fueros para controlar a los mercados y someterlos a su poder. Era la época en que los culpables de la crisis nos parecían los inversores privados (los bancos, los hedge funds, etcétera), mientras que los salvadores eran los poderes públicos: reguladores estatales, rescates keynesianos, etcétera.
Bien, pues solo fue un sueño que apenas duró un curso académico. Hoy se impone de nuevo el realismo crediticio y quien vuelve por sus fueros es el victorioso mercado acreedor, exigiendo leoninas condiciones al Estado deudor. Por eso, quienes hoy parecen ser los villanos de esta historia ya no son los mercados, sino los Gobiernos insolventes y deficitarios, especialmente si son PIGS. Y con ello retorna la ideología del ajuste presupuestario y la consolidación fiscal: el nuevo consenso de Washington que impone un voluble FMI, ayer generoso keynesiano, hoy estricto neoliberal. Pero las víctimas reales de ambas crisis crediticias son las mismas: los ciudadanos de a pie, que pagaron ayer con su desempleo masivo y hoy con el recorte de sueldos y la congelación de pensiones. Y sus beneficiarios reales también son los mismos: los inversores crediticios, que siempre salen ganando, pues se les rescata a interés cero cuando son deudores mientras se les enriquece con interés usurario cuando son acreedores. Un qui prodest? inequívoco.
Pero si todo esto es tan evidente, ¿cómo es que nadie cuestiona semejante estado de cosas, aceptándolo con fatalismo? Hay dos factores extraeconómicos, a su vez conectados entre sí, que lo explican bien. El primero es el tratamiento mediático de la crisis, que ha naturalizado un proceso tan desequilibrado e injusto haciéndolo parecer lógico y necesario. Y esto se ha hecho metiendo el miedo mediático en el cuerpo de la gente, a fin de paralizarla por el pánico dejándola inerme y dispuesta a dejar hacer y dejarse hacer. Es la histeria mediática a la que aludí al principio, inducida por la reiterada publicación de revelaciones financieras escandalosas (al estilo de La quiebra de Caja Sur amenaza al euro), y generadora de un clima artificial de catástrofe imposible de controlar que contagia con su gregario efecto-rebaño (herd effect) a todos por igual: tanto a los que toman decisiones incoherentes a tontas y a locas (caso de nuestros gobernantes, de Merkel a Zapatero, que ayer corrían a rescatar las deudas privadas y hoy corren a recortar gastos para saldar sus deudas públicas) como a los desarticulados ciudadanos que las sufren con estupor e impotencia, sin más signos de resistencia que la contraproducente crispación política y la estéril bronca sindical.
Y el otro factor es la discriminación crediticia pura y dura. La primera oración cristiana es el perdón de las deudas, pero solo se aplica de forma perversa, tal como reza la parábola de San Mateo: "A quien tiene más, se le dará. Y a quien no tiene, todo le será quitado". Pues bien, con la crisis de la deuda sucede igual: a ciertos deudores privilegiados (los protestantes anglo-germanos) se les rescatan sus deudas a muy bajo tipo de interés, mientras que a los estigmatizados (por católicos y latinomediterráneos) se les exige refinanciarlas a tipo de interés usurario. Es lo que ocurre con los títulos de deuda pública, a los que se discrimina no por sus indicadores cuantitativos, sino por prejuicios descalificadores tan falaces como injustos, castigando al bono español en comparación al holandés o británico (según denunció en estas páginas Xavier Vidal-Folch): todo por ser un PIG en lugar de un WASP. Lo cual determina que en la zona euro estén resucitando las viejas monedas nacionales, ahora travestidas como títulos de cada tesoro estatal. Ahora bien, esta discriminación crediticia también está operada por la definición mediática de la realidad, pues son los medios informativos anglosajones, y no las agencias de calificación de riesgo, los que fabrican con sus juicios performativos estas percepciones estigmatizadoras del riesgo-país. Es de nuevo el efecto manada-mediática, pues si lo afirma el Financial Times, todos los demás medios lo reproducirán y amplificarán, incluidos los PIGS.
Enrique Gil Calvo en El País, 8/06/2010 |
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Miércoles, 28 de Julio de 2010 10:12 |
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Autor: Josep Borrell
Fecha y origen de publicación: Nueva Tribuna 10/06/2010
Debilidades europeas
Se hubiera podido esperar una reacción positiva de los mercados a las medidas de ajuste presupuestario que las Cortes aprobaron por un solo voto de diferencia y con tanta dificultad política. Pero por el momento no esta siendo así. Al día siguiente otra agencia de “rating” nos rebajaba la calificación crediticia, estimando que las perspectivas de crecimiento se ven seriamente afectadas por el fuerte endeudamiento privado y la reducción de la demanda interna.
Ahora ya no es el endeudamiento publico el que les resulta preocupante, y con razón, porque estamos en torno al 55 % del PIB, por debajo de lo exigido en Maastrich y muy lejos de la situación de otros países europeos. Pero es cierto que el endeudamiento privado, al que nadie dio importancia durante la expansión, es muy grande; el de las familias ha pasado del 70% del PIB al 140% desde 1999. Y la salida de la crisis pasa por una reducción de esa deuda y un “desapalancamiento” del sistema financiero que no es la mejor receta para impulsar el crecimiento.
Es un ejemplo mas de la doble y contradictoria exigencia que los mercados están dirigiendo a los gobiernos; por una parte, les piden una reducción acelerada del déficit y, por otra, que recuperen el crecimiento. Y ambas cosas a la vez son, al menos en el corto plazo, imposibles de conseguir.
Además, las tensiones han vuelto a aparecer en el mercado interbancario y los Bancos europeos empiezan a ser reticentes a prestarse dinero unos a otros. El Euribor a tres meses sube y el recurso a la ventanilla del BCE también. Es posible que los mercados jueguen a hacerse miedo y que no haya razones objetivas para temer una nueva crisis de liquidez, pero las tensiones que se observan reflejan un clima de desconfianza generalizada que hubiera explotado si al gobierno español le hubiera faltado un voto en las Cortes.
El Euro sigue cayendo. Lo hizo bruscamente el viernes pasado, inmediatamente después del voto en las Cortes, hasta volver al punto más bajo alcanzado durante la crisis. Consecuencia de la debilidad de las perspectivas de crecimiento en Europa, estimado en un muy modesto 1,2% por la OCDE para el 2010. Demasiado poco para reducir el ratio de deuda pública sobre el PIB y muy poco comparado con el 3,45 estimado para EE.UU. Y también refleja el efecto de los rumores propagados por influyentes medios de prensa anglosajones sobre la supuesta decisión de China de reducir sus reservas de euros. Un rumor sin ningún fundamento que Pekín se apresuró a desmentir y que es parte de la actitud negativa que el mundo anglosajón ha tenido siempre contra el euro y que se refuerza en este momento de debilidad.
Pero la situación del euro no es el único punto débil de la Europa que dice querer ser un actor global. Y los acontecimientos de estos días ponen de nuevo de manifiesto cuán lejos está de serlo.
Me refiero al ataque de Israel contra la flotilla que intentaba transportar ayuda humanitaria a Gaza. Es imposible no dedicar parte de esta crónica a condenar este nuevo y brutal uso de la fuerza por parte de Israel y lamentar la pasividad de la comunidad internacional y de Europa en particular contra este nuevo atropello.
El asalto de un barco desarmado en aguas internacionales y la matanza de sus tripulantes con un numero de victimas mortales todavía por determinar pero que serán mas de 10, es algo que llena de indignación y debería colmar el vaso de la paciencia de los aliados de Israel si no fuera porque todos ellos, España incluida, han demostrado ya con creces que son incapaces de poner ningún freno a una actitud que viola todas las normas internacionales.
Para quien, como yo, estuvo en Gaza a los pocos días de los bombardeos de enero del 2009, nada puede extrañar ya del comportamiento de este Israel. Lo que extraña es que seamos tan tolerantes con este comportamiento. Pensar que eso ocurre días después de la entrada de Israel en la OCDE gracias al apoyo firme y comprometido de la UE y de la Presidencia española…
Y la UE ha necesitado cuatro horas largas de reunión de sus embajadores para elaborar un tibio comunicado en el que condena la operación militar israelí en aguas internacionales. Es lo mínimo que se despacha en condenas… Ha tenido que ser nuestro ministro Moratinos, ante el silencio de la Alta Representante Alshton, quien añada el calificativo de “uso desproporcionado de la fuerza”. Pero nada de pensar siquiera en la suspensión del acuerdo de asociación con Israel ni de ninguna clase de acción que no sea meramente retórica.
Afortunadamente, mis compañeros socialistas en el Parlamento Europeo, han manifestado por boca de su presidente Martin Schulz, que Israel ha superado todos los límites. Aunque eso lo ha hecho ya otras veces, ahora sería de esperar algo más que palabras.
Pero no será así. Israel sabe que hay por lo menos tres países europeos, Alemania Reino Unido y Holanda, que nunca harán nada contra él, haga lo que haga. Y por eso no nos toman en cuenta y no agradecen ni consideran los gestos como el apoyo a su entrada en la OCDE.
Al final, sólo Obama los puede poner firmes. Y por eso la situación del euro no es nuestra única –ni siquiera la más importante– debilidad de una Europa incapaz de pesar en la solución de los conflictos de su entorno inmediato.
Josep Borrell en Nueva Tribuna, 10/06/2010 |
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Miércoles, 28 de Julio de 2010 10:10 |
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Autor: Clara Sánchez
Fecha y origen de publicación: El País 30/05/2010
La chica de ayer
Érase una vez una ciudad donde había gente para todo. Hablo de Madrid y de la semana en que el Atleti ganó la Europa League, en que Rafael Nadal ganó a Roger Federer y el Masters 1.000 de Madrid, en que el Barça ganó al Valladolid y la Liga, en que se celebraron las fiestas de San Isidro, en que Garzón fue suspendido de funciones por el Consejo General del Poder Judicial, en que Zapatero anunció sus recortes, en que integrantes de los míticos grupos de los ochenta (Nacha Pop, Golpes Bajos, La Unión, Tam Tam Go!) y Mercedes Ferrer cantaron La chica de ayer en la Gran Vía mientras que más arriba o más abajo, en otro escenario, Pastora Soler hacía revivir el chotis en un ajustado vestido medio flamenco, medio madrileño. Ella, Esperanza Roy y Diana Navarro cantaron Monísima, letra que siempre me pone la carne de gallina, casi como la Marsellesa. Ya sé que hay una gran diferencia, para escuchar Monísima no hay que ponerse en pie. No ensalza la patria ni los grandes ideales, sólo a una chica que pasa por la calle, pero a mí me emociona la fuerza con que hace brillar lo menudo, lo pequeño, la vida de un momento cualquiera. Me emociona esa chica que acaba de plancharse una blusa para salir a dar una vuelta. "monísima, monísima, monísima... / Así te dicen cuando pasas por ahí. / Monísima, monísima, monísima... / Con tu blusita planchadita de organdí".
Así es Madrid, ni pretenciosa, ni pretendidamente señorial porque no se cobija bajo grandes símbolos ni grandes himnos (¿se sabe alguien el himno de la Comunidad de Madrid?). Lo nuestro es un oso u osa comiendo pacíficamente de un madroño. Y tenemos un río, que Góngora llamó "aprendiz de río", cuyos márgenes son más importantes y grandes que el propio río. Quien no haya acudido a visitarlos, a darse un paseo por ellos después de la remodelación, que vaya. Merece la pena. Le dan empaque a la zona y acercan los barrios divididos por el Manzanares con puentes originales y modernos que no intentan competir con el de Marqués de Vadillo. La verdad es que me gusta esta obra: muchos árboles, juegos para niños, amplitud, buen diseño. Sólo falta el agua, pero tampoco se puede tener todo. De pronto, Carabanchel está más cerca del centro, y la gente del centro empieza a aventurarse a ir más allá de la almendra que los tenía aprisionados.
Hay un estupendo carril-bici, pero ni peatones ni ciclistas nos fijamos en estos detalles y aún resulta un poco caótico el paseo, sobre todo los fines de semana en que se pone hasta los topes. Patinadores, bicis, niños corriendo, un señor mayor que toca el quitamiedos del río con los nudillos interesado por los materiales.
Hay gente para todo en esta ciudad. Iba en un taxi a mi casa la noche en que los colchoneros se dirigían a Neptuno con una excitación fuera de lo normal. O puede que no fuese yo la normal. Los de los coches de los lados sacaban medio cuerpo por la ventanilla y me hacían señas para que me uniera a su alegría. Me dio rabia no llevar una camiseta del Atleti en el bolso y sentirme parte del todo. Madrid se había puesto a rayas rojiblancas. Familias enteras a rayas, desde el padre, pasando por la madre, al niño en brazos. Por algo será. Cuando tanta gente siente lo mismo por algo será. No quiero ser un bicho raro, quiero ser del Atleti. Al mismo tiempo y en este mismo país, a muchos de los eufóricos, entre los que seguramente se encontraban funcionarios y pensionistas, les van a bajar los sueldos y a congelar las pensiones. Hacían bien en disfrutar un rato.
El día de San Isidro los uniformes fueron otros. Las camisetas del equipo se sustituyeron por vestidos de madrileñas, gorras de pichi, mantones y flores en el pelo. Tampoco llevaba una gorra en el bolso cuando vi a un grupo de chicas con los mantones resbalándoseles sobre los vaqueros con gran estilo. Entre estas monísimas también había chinas, ecuatorianas, polacas. Y mientras en los telediarios se hablaba del juez Garzón, en la Gran Vía no cabía un alfiler. ¿Qué pasa con la justicia?, ¿es suficientemente justa?, ¿ampara nuestra sensibilidad?, ¿no se tienen que adaptar las leyes al cambio de los tiempos? ¿Por qué tanta resistencia a revisar los crímenes del franquismo? Y tampoco hay que echar en saco roto la desesperación de los padres de Sandra Palo o de Marta del Castillo ante una ley del menor más matizable. Pero cuando pensaba esto, por encima de nuestros problemas, en la Gran Vía comenzó a sonar la que se ha convertido en el himno sentimental de esta ciudad: La chica de ayer, la otra cara de Monísima.
Clara Sánchez en el Diario El País, 30/05/2010 |
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Miércoles, 28 de Julio de 2010 09:40 |
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Autor: Amparo Estrada
Fecha y origen de publicación: Público 8/05/2010
El negocio de hundir un país
Cuentan que el 8 de febrero pasado, en el número 767 de la Tercera Avenida, en Nueva York, por la noche, tras desaparecer de los platos el último trozo de filet mignon servido a los comensales, los titanes de los hedge funds (fondos especulativos de alto riesgo) labraron el destino inmediato del euro, de las economías vinculadas a la eurozona y, de paso, de las esperanzas de recuperación de nuestra fortaleza económica a corto y medio plazo. Uno dijo: “Grecia”. Los demás asintieron y trazaron el plan. El lugar era la sede de Monness, Crespi y Hardt, una firma (www.mchny.com) que se autodenomina “boutique” de investigación sobre valores y “servicio pleno” de intermediación de un catering de compraventa para inversores institucionales, que opera a través de… (redoble de tambores)… Goldman Sachs Execution & Clearing LLC.
Los datos son estos: la idea surgió en plan ¡eureka!, ¿cómo no se nos ocurrio antes? Y en la cena estaban presentes, entre otros, Aaron Cowen, representante de SAC Capital Advisors, entidad fundada por Steven A. Cohen que maneja 16.000 millones de dólares en hedge funds; David Einhorn, de Greenlight Capital, veterano del asalto a Lehman Brothers en el otoño de 2008; Donald Morgan, de Brigade Capital (cuyo mensaje principal en su página web consiste en resaltar cómo sus productos incluyen deuda de alto riesgo y alto rendimiento, o sea, bonos basura), y, por supuesto, un miembro de Soros Fund Management, la sociedad de inversiones de George Soros, hoy octogenario, una mente privilegiada, el mayor especulador no encarcelado de todos los tiempos, procesado y nunca condenado por uso de información privilegiada, paladín de, por ejemplo, el ataque a la Société Générale francesa en 1988, el hundimiento planificado de la libra esterlina en 1992 (del que sacó limpios 1.000 millones de dólares) o, últimamente, la revalorización enorme del oro.
Bien es verdad que la debilidad de sus pésimos datos macroeconómicos y su culpabilidad en mentir sobre tal situación (por cierto, con el asesoramiento criminal de Goldman Sachs al Gobierno conservador) habían colocado a Grecia como la primera ficha de dominó para hacer caer el euro frente al dólar. “Una oportunidad para ganar mucho dinero”, llegó a reconocer a The Wall Street Journal Hans Hufschmid, antiguo ejecutivo de Salomon Brothers y actual directivo del hedge fund GlobeOp Financial Services. Y decidieron darle entre todos el empujón. Lo contó el periódico mencionado el 26 de febrero.
El euro se cambiaba a 1,51 dólares en diciembre y ahora se encuentra en menos de 1,30, lo cual ha hecho que la apuesta a favor de la depreciación de la moneda europea ya ha generado a estos fondos grandes ganancias.
Los fondos de inversión de alto riesgo celebran reuniones similares con asiduidad para acordar posturas de las que se puedan beneficiar mutuamente. En 2008 ya hubo otra en la que decidieron destrozar el valor de Lehman Brothers.
A golpes bursátiles y de prima de riesgo han abierto los ojos los dirigentes europeos. El castigo que están viviendo los países del sur de Europa les ha empujado a pedir, por fin, medidas para contraatacar a los mercados, como la compra de deuda pública por parte del Banco Central Europeo –muy criticado por su inacción–. Habrá que ver si logran resultados.
Amparo Estrada en el Diario Público, 8/05/2010 |
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Miércoles, 30 de Junio de 2010 09:27 |
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Autor: Adela Cortina
Fecha y origen de publicación: El País 30/05/2010
¿Recortes en desarrollo humano?
Cuesta creer que la recuperación de la economía española tenga que pasar, entre otras cosas, por recortar la inversión en colectivos especialmente vulnerables: las personas dependientes, los jubilados, que verán congeladas sus pensiones, y las mujeres que van a dar a luz, con las que había un compromiso. No parece que ninguno de ellos sea responsable de la crisis económica, ni tampoco de otras crisis que oscurecen el horizonte, y justamente para ellos, por su especial vulnerabilidad, el recorte es a todas luces dramático. Es en estos casos cuando se hace patente que hay ciudadanos de primera y de segunda, y que los de segunda están en permanente situación de riesgo, un riesgo que no sólo se corre, sino que se transforma en amarga realidad.
Pero falta un cuarto colectivo, que ni siquiera parece contar por su lejanía, el de las personas que viven en países en desarrollo. El recorte asciende en este caso a 800 millones entre 2010 y 2011, lo cual supone un buen pico de la ayuda al desarrollo de estos dos años. Son gentes que no votan en nuestro país, claro está, y podría pensarse que para la mayoría de nosotros representan una difusa nebulosa, porque ojos que no ven, corazón que no siente.
Si no nos preocupan de verdad las personas dependientes de nuestro entorno, parece que menos aún nos van a preocupar las de países lejanos, por mucho que andemos un día tras otro mentando la globalización.
Lo bien cierto es que a cuenta de la crisis se retrasa todavía más el propósito de alcanzar los célebres Objetivos de Desarrollo del Milenio, que proclamó en 2000 la Asamblea General de Naciones Unidas, contando con los líderes mundiales de 189 países, objetivos cuyo cumplimiento se preveía inicialmente en 2015. Realmente, no pueden ser más básicos, calificarlos de modestos es poco: erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre géneros y el empoderamiento de la mujer, reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.
¿Puede pedirse menos en materia de justicia? Pues los recortes por la crisis de distintos países y del nivel global retrasan su cumplimiento no a una fecha por lejana que sea, sino ad calendas graecas, teniendo en cuenta que los griegos no tenían calendas.
Podría pensarse que las gentes de los países en desarrollo no son ciudadanos españoles, y que son "los nuestros" los que tienen prioridad, más aún en tiempos de recortes. Daríamos entonces la razón a ciertos neurocientíficos, según los cuales, el desinterés por los lejanos tiene bases cerebrales, porque llevamos acuñados unos códigos, producto de la evolución, que se fueron formando en la época de los cazadores-recolectores, cuando las gentes formaban pequeñas tribus y se veían obligadas para sobrevivir a estrechar lazos con los demás miembros y a rechazar con agresividad a los lejanos, a los diferentes, a los extraños.
Si así fueran las cosas, llevaríamos esa disposición incorporada y por eso nos resulta difícil acoger al diferente, sentir preocupación por el lejano. Sería esa entonces una de las razones por las que la ayuda al desarrollo suena a música celestial, a discurso edulcorado para los buenos tiempos.
Sólo que para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo. La ayuda al desarrollo humano es vital para los países más pobres de la tierra, para sus gentes la cuestión es de vida o muerte. Sin ayuda externa no pueden ni siquiera poner el pie en el primer peldaño que lleva a salir de la pobreza extrema. No se puede, pues, retroceder un ápice: erradicar el hambre y la pobreza extrema es, en realidad, un "Deber Ya" de la humanidad, y no un simple "Objetivo del Milenio". No hay recortes que valgan.
Cosa que, al parecer, ha percibido buena parte de la ciudadanía española que, según las encuestas, se ha puesto por montera el código pueblerino de los cazadores-recolectores y ha respondido a los encuestadores que recortes en desarrollo, no.
Por si faltara poco, nobleza obliga, y la presidencia de la Unión Europea debería llevar aparejado un plus de ejemplaridad, especialmente relevante en temas de desarrollo humano, que afectan a los más desprotegidos.
Ciertamente, la salida de la crisis vendrá de reformas estructurales y sobre todo de cambio en los modelos de vida, apostando por la transparencia, la profesionalidad, la generación de confianza y de amistad cívica.
Pero, en lo que afecta a reducir gastos, podría muy bien prescindirse de asesores, ministerios, direcciones generales y un buen número de cargos superfluos, poner tasas a las transacciones financieras, mirar con lupa fraudes y corrupciones, y sobre todo no invertir lo recaudado en todo aquello que lleva a conseguir votos, aunque sea estéril o incluso esté contraindicado. Pero reducir la ayuda al desarrollo humano es radicalmente inadmisible.
Adela Cortina en el Diario El País, 30/05/2010 |
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